Desde el primer día se lo dije a ustedes, queridos lectores,
porque yo jamás ni les miento ni les disfrazo lo que pienso. Mandar a ESDM a
Eurovisión era una verdadera barbaridad. Y anoche pudimos comprobar que Europa
en pleno, musicalmente hablando, nos dio la espalda… Pero ¿Quiénes son los
culpables de este horror?
Pues miren, hay para repartir. La elección por parte de RTVE
no podía haber sido más desafortunada. Para empezar, y como todos pudimos
sufrir anoche, Raquel del Rosario no es una cantante que tenga un buen directo.
Y Raquel ayer participaba en un festival con voces como las de Ucrania, Rusia, Dinamarca,
Bélgica, Italia… todas fabulosas voces que además de brillar por su cuenta, lo
que consiguieron es dejar la capacidad vocal de Raquel a la altura del suelo.
El año pasado quedamos en décimo lugar con una gran voz (a pesar de que la
canción sigue sin gustarme un año después). Eurovisión lleva años mandándonos
un mensaje claro, o montamos el pollo (Chikilicuatre quedó infinitamente mejor
que ESDM) o mandamos una súper voz (Pastora Soler). Y en RTVE no han escuchado
ese mensaje tan claro. Si los responsables del eurofestival hubieran echado un
vistazo a las listas de éxitos europeas se hubieran dado cuenta en dos minutos
que “Contigo hasta el final” (de la lista) era una pésima elección. Antigua,
mil veces oída, caduca, sin personalidad y con una pésima ejecución en directo,
por no hablar de la ausencia absoluta de espectáculo. Recuerden…euro “visión”.
Y luego los eurofans, en gran parte la autentica pesadilla
de todo lo que rodea a nuestra representación. Gran parte de los eurofans son complices de este sinsentido. Ellos apoyan lo que sea con tal de no quedarse sin festival. Si ellos, tan organizados,
hubieran tenido una mínima decencia musical, se hubieran negado a apoyar la
candidatura con una postura firme y como grupo organizado (tienen sus webs, sus radios, sus clubs...) hubieran exigido a RTVE un cambio de candidato. Para mandar eso, créanme, es infinitamente
mejor no ir. Italia se retiró unos años y ha vuelto con una calidad musical
acojonante. Italia no gana, pero su propuesta eurovisiva de los últimos tres
años es de una calidad incontestable y, lo más importante, sus representantes
saben cantar. Y además cantan bien. Y no soy de los que piensan que hacen falta
súper estrellas. Recuerden el caso de Anabel Conde o la profesionalidad del
entonces desconocido Daniel Diges. No se trata de puntos, se trata de no dar
vergüenza. Daniel Diges no quedó bien, pero es un gran intérprete con una gran
voz. Y por lo tanto, no fuimos ni las risas de nadie ni hay la confirmación de
un fracaso que hoy recogen TODOS los medios de comunicación nacionales ("La pesadilla de Morfeo" titula El Mundo). Bonnie
Tyler ha quedado como el culo, pero su voz está fuera de cualquier duda ¿me
siguen?
Al terminar el festival, pudimos ver (con horror) como
varios contertulios hablaban de “lo dignos que habíamos estado”. ¿De verdad
quedar los penúltimos en un concurso es digno? No, señores, es un fracaso. No
hay que matar a ESDM ni echarles del país, pero es un fracaso. Europa ha votado
y ha dicho no, de 39 países, 37 han decidido que no merecemos un mísero punto, y eso no es digno. De nada sirve disfrazar la realidad. Sin autocrítica no hay ni
evolución ni crecimiento. Y este año hemos hecho un ridículo más grande (mucho
más) que aquel año que mandamos a un actor con una guitarra de plástico y un
pelucón. Al menos, él siempre supo que era una broma musical y nunca tuvo ni la
actitud ni la osadía de competir con voces de verdad. Una broma como
Chikilicuatre puede ser desafortunada pero es eso, una broma. Esto es un
bochorno.
Así de claro.
